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`` DIGO YO...´´ Blog de Pedro Caballero-Infante Perales

MIEDO A COBRAR

MIEDO A COBRAR

 

                                                      

 

                   Cuentan de dos borrachos que, empeñados en salir de su alcoholismo, decidieron no seguir bebiendo y para ayudarse en tan ardua tarea se conjuraron para no nombrar la palabra vino. Pasaron tres días y ante los lamentos permanentes y suspiros desgarradores de uno de ellos, el otro le dijo: “Pues coge la botella y ve por él”.

         Los boticarios le tenemos recelo, no sólo a cobrar nuestro margen comercial, sino a que nos paguen la más mínima actuación farmacéutica fuera de la mera dispensación. Esto trasladado al mundo social o de la comunicación se convierte en timidez insuperable.

         Durante el VI Congreso Nacional de Atención Farmacéutica celebrado el pasado Octubre en Sevilla, asistí a un almuerzo coloquio en el que se habló sobre un Documento, cristalizado en un libro: “La Farmacia al Servicio del paciente: Necesidad de cambio. De la teoría a la práctica”. Ejemplar que recoge las ponencias y conclusiones de unas Jornadas propiciadas por la Fundación Pharmaceutical Care con la colaboración de la Fundación  Astra Zéneca.

         Se habló lógicamente del papel cada vez más importante del farmacéutico en la Atención Farmacéutica. Se le matizó a los periodistas que este concepto no es lo que la gente y un sector farmacéutico consideran que se ha hecho toda la vida. Una cosa es el maravilloso servicio del boticario fabricante de la fórmula magistral individualizada, otra, tras la revolución industrial farmacológica de los años cincuenta del pasado siglo, la dispensación del fármaco ya elaborado y el consejo, siempre pedido por el paciente, de la posología y alguna que otra reacción adversa o contraindicación.

         La Atención Farmacéutica actual es otra cosa. Se trata de la protocolización de una actuación farmacéutica y la implicación del boticario en, por ejemplo, los enfermos polimedicados o con tratamientos de larga duración. Diabéticos, hipertensos y anticoagulados son el pan nuestro de cada día en las Farmacias. Estos enfermos, para más INRI, están diagnosticados y prescritos en la receta electrónica con lo que la visita periódica y sistemática al médico de cabecera ha pasado a la historia.

         En esta situación el protagonismo del farmacéutico ha pasado, en el ámbito sanitario, a ser total, mal que les pese a muchos componentes de la Organización Médica Colegial. Si ahora existen multitud de medicamentos de autocuidado de la salud que no necesitan receta y que tratan los mal llamados síntomas menores, ¿cómo no va a ser necesaria la intervención del farmacéutico, técnico del medicamento, que sabe por su permanente contacto con el usuario, de sus dolencias mayores que, pongamos como ejemplo, determinado analgésico o antihistamínico de venta libre le puede desestabilizar su enfermedad primigenia.

         Pues bien, en esta reunión todo quedó perfectamente claro hasta llegar al momento del: “¿quién paga esto?.

         Evidentemente es volver a lo de la anécdota inicial de este diario. Nadie quiere hablar de algo que en un contexto de entrega social se antoja extremadamente material, pero tan vigente como vital para este magnífico y nuevo movimiento de la Atención Farmacéutica. Sé de un compañero, el Doctor Machuca, pionero de este movimiento, que dio el paso  montando una consulta al margen de la Farmacia para trabajar como especialista en ello. Lo pongo como ejemplo de gesto torero del “¡aquí estoy yo!” y lo cito por su merecimiento.

         Otra cosa es que este prejuicio, del: “son tantos euros” por mi actuación profesional, esté basado en la falta de complicidad de la mayoría de compañeros. Si yo me atrevo a decirle a Carmela que me ha de pagar por un consejo, me puede mentar a mis difuntos más recientes sabiendo, además, que en la farmacia de al lado pesan, miden, toman la tensión y regalan un chupachups, al niño, totalmente gratis.

         Por ello la unión y la uniformidad de la Atención Farmacéutica pasa ineludiblemente por convertir los pequeños reinos taifas en tribus que nos hagan funcionar al unísono. Este es el eslabón que yo oferto a los dirigentes de la Atención Farmacéutica a quienes, a su vez, felicito por el éxito del Congreso.

                                                                          

                                                                          

 

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